miércoles, 28 de octubre de 2009

Evónimo (Evonymus europaeus)

El evónimo es un arbusto no muy alto, perteneciente a la familia de las quelastráceas.
Sus hojas y ramas se encuentran enfrentadas y las flores forman ramilletes de pocas flores; el fruto se divide en cuatro gajos levantados, que toman un color rojo al madurar.
Tanto las hojas como las flores despiden un olor desagradable y al paladar tienen un sabor herbáceo parecido al de la ruda.
Este arbusto se cría entre robles y encinas, en barrancos, cerca de corrientes de agua, etc., repartido por casi todo el país, aunque con más frecuencia en el norte.
Florece de abril a mayo y los frutos maduran entrando el otoño.
De uso medicinal son tanto las semillas como los frutos; pero hay que tener cuidado con esta especie, pues es muy tóxica a dosis relativamente bajas.
Su recolección y posterior uso casero está contraindicado, excepto en el caso de que lo lleve a cabo personal especializado.
Tanto en la corteza de las ramas como en las raíces y fruto se halla un glucósido llamado evonimina.
Las semillas contienen altas cantidades de aceite, formado por distintos ácidos grasos.
El glucósido evonimina parece ser que ejerce acción directa sobre el corazón, actuando de la misma manera que lo hacen los digitálicos -aunque sus propiedades exactas no se conocen y menos aún sus intensas acciones farmacológicas.
Lo que sí se ha comprobado es que la ingesta accidental de frutos de evónimo suele acarrear una intoxicación de consecuencias imprevisibles.
Entre los síntomas más destacables cabe citar cólicos, abundante diarrea, desfallecimiento, convulsiones y en algunos casos más graves puede incluso desencadenar la muerte.
Este tipo de intoxicaciones se suele tratar igual que las debidas a glucósidos digitálicos.
No parece, pues, que sea preciso insistir en que esta planta no debe usarse de manera doméstica.
En otros tiempos se empleó como purgante, pero los resultados no eran los esperados; mejor dicho, además de ejercer un efecto purgante drástico, se acompañaba de los síntomas descritos anteriormente, por lo que su empleo fue cayendo en el olvido.
Se tiene conocimiento de un uso externo a base de evónimo: en efecto, el cocimiento de los frutos parece ser un buen remedio -aplicado tópicamente- contra la sangre y otros parásitos del cuerpo humano.
Está totalmente desaconsejado su uso.
Además, todavía queda mucho por profundizar en su estudio para poder aprovechar las virtudes escondidas que sin duda tiene.
Mientras tanto, la única forma de administrarla es en forma de cocimiento, hecho con 30 gr. de frutos en 1 l. de agua.
Esta preparación se puede aplicar externamente en diversas parasitosis epidérmicas.
Purgante. Emético. Colagogo

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