sábado, 17 de octubre de 2009

Alcanforero (Cinnamomum camphora)

El alcanforero es un árbol milenario perteneciente a la familia de las lauráceas.
Los ejemplares más ancianos de este hermoso árbol pueden llegar a medir más de 40 m. de altura y hasta 3 m. de perímetro.
La corteza es lisa, de un color pardo grisáceo; las hojas se disponen de forma alterna y son persistentes, gruesas, enteras y con nervia-ción poco marcada; las flores son pequeñas, hermafroditas, de color amarillo verdoso y se reúnen en panículas de cimas.
El fruto es una baya que encierra una semilla oleosa.
Este árbol se cría mucho en Japón, China y Taiwán.
El alcanforero florece entre abril y junio, variando mucho en función de la zona donde se encuentre.
De la recolección con fines medicinales interesa el leño central, ya que es por esta zona donde discurre el alcanfor natural, como ahora veremos.
El alcanfor natural -también denominado alcanfor del Japón- se suele acumular en el leño central a medida que el árbol envejece.
Se calcula que hacia los cuarenta años el árbol puede dar un rendimiento del 3% en alcanfor.
De este alcanfor -y por determinados procesos químicos- se obtiene la esencia de alcanfor, que es la que realmente se usa con fines medicinales puesto que el alcanfor natural ha sido desplazado por el alcanfor sintético, fabricado a partir de la trementina.
El alcanfor se absorbe fácilmente por la piel, por las mucosas digestiva y pulmonar y por el tejido celular subcutáneo.
Es una sustancia con fuerte acción rubefa-ciente y se utiliza por vía externa como contrairritante, ya que provoca vasodilatación cutánea y proporciona sensación de calor.
Se suele incluir en la formulación de linimentos y pomadas rubefacientes que se aplican sobre la piel para aliviar el dolor en músculos adyacentes y articulaciones.
También se aplica en preparados rinológicos como descongestionante nasal.
Otra de las virtudes del alcanfor estriba en que es una sustancia estimulante de los centros bulbares, en especial del centro respiratorio, aunque no se emplea clínicamente como tal.
El alcanfor puede dar lugar a intoxicaciones si se emplea de manera accidental; se puede detectar si se ha producido una intoxicación por el olor residual a alcanfor que aparece en la respiración.
Además, debido a la estimulación del sistema nervioso central producida por dosis altas de una sustancia analéptica, provoca un intenso dolor de cabeza, confusión, delirio y, en algunos casos, alucinaciones.
El alcanfor está incluido en muchas fórmulas magistrales y preparados comerciales, básicamente por su poder rubefaciente.
También aparece en preparados nasales por su efecto descongestivo y en fórmulas balsámicas percutáneas empleadas en el tratamiento de las afecciones de las vías respiratorias altas.
Pero en cualquier caso conviene dejarse aconsejar por parte de personal especializado, es decir, médicos y farmacéuticos.
Rubefaciente. Antiinflamatorio. Vasodilatador

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